Ernesto Valverde ha celebrado en Lezama su última rueda de prensa como entrenador del Athletic tras diez temporadas en tres etapas, con cerca de 1.000 comparecencias oficiales. La despedida llega mientras el equipo prepara el partido del sábado en el Santiago Bernabéu contra el Real Madrid, un duelo de “clásicos” sin premio deportivo inmediato pero con carga histórica.
Txingurri, que se estrenó en San Mamés frente al Barcelona hace casi 23 años, colgará la pizarra ante los blancos en un encuentro que reaviva una aspiración concreta: ganar en un campo donde no se gana desde hace más de dos décadas. «Ha sido un año muy duro», confesó al repasar el cierre de su etapa.
Un adiós con repaso de trayectoria
La comparecencia no giró sobre el Madrid, sino que funcionó como acto de despedida. Valverde recordó sus éxitos y fracasos, habló de sus 504 partidos y reconoció un objetivo continental que no pudo materializar: «Tenía siempre en la cabeza ganar una competición europea, ser campeones de Europa, pero sabía que iba a ser difícil».
Subrayó que entrar en Champions fue un logro deportivo y económico, aunque incompatible con intentar el título continental. También aludió a la semifinal ante el Manchester United en la Europa League, decidida por detalles en los últimos minutos del primer tiempo en San Mamés.
Plan de futuro y legado
El técnico aseguró que no piensa entrenar la próxima temporada: «voy a parar un tiempo». Admitió que ha recibido tres propuestas en firme desde que anunció en marzo que no seguía, pero declinó ofrecer más detalles. Para el cambio de ciclo, deseó suerte a su sucesor, Edin Terzic, y resaltó que “un cambio puede venir bien” porque los años desgastan.
Antes de cerrar, defendió la base de su trabajo: convencer a una plantilla formada por 25 jugadores jóvenes. Y definió al Athletic como algo más que deporte: «Un clan. No hay más».















