
Athletic Club
Tres generaciones recorren casi 1.000 km
Un padre, su hijo y su nieto viajaron desde Sevilla hasta San Mamés para cumplir un sueño familiar: ver al Athletic en La Catedral. El recorrido superó los 1.000 kilómetros y convirtió un recuerdo esperado en una experiencia compartida en primera persona. El abuelo, con 90 años, pudo conocer por primera vez el campo, mientras la afición pasaba de una generación a otra con el partido como consecuencia.
Un origen que no empezó en el Athletic
Según la familia, en su entorno cercano eran seguidores del Atlético de Madrid. El interés por el club rojiblanco surgió después de que un hermano les acercara al conjunto vasco, una decisión que acabó provocando una afición que con el tiempo se integró en su vida diaria.
De la primera chispa al “vínculo” familiar
El protagonista relata que la historia comenzó cuando un hermano, identificado como Dani, le puso en relación con el nombre del jugador Daniel Ruiz Bazán, lo que derivó en su adhesión al Athletic. Con los años, describe el sentimiento como algo profundo y sostenido dentro de la familia, destacando también el carácter de la afición.
«Es una religión para nosotros».
La tradición se amplía con el nombre y el ritual
La siguiente generación nació con el nombre de Julen, en referencia a Julen Guerrero. El padre explica que habló con él de su pasión y que el niño se sumó al viaje y al ritual familiar. Para ellos, el Athletic significa reunirse los domingos para disfrutar juntos del fútbol.
En esta ocasión, el ritual trasladó el encuentro al escenario original: San Mamés, donde los tres pudieron vivirlo compartiendo el mismo sueño.










